Investigadores del CENPAT demostraron que los abelisáuridos, el grupo de dinosaurios carnívoros más abundante del hemisferio sur, no evolucionaron aumentando su tamaño corporal, sino a través de profundas modificaciones en la estructura de su cráneo.
Estos dinosaurios, muy presentes en la Patagonia, se caracterizaban por cráneos cortos, altos y ornamentados, además de brazos extremadamente pequeños. Durante años se creyó que, al igual que otros grandes depredadores con los que convivieron —como los carcarodontosáuridos—, habían seguido una tendencia de crecimiento corporal. Sin embargo, los estudios revelaron que su tamaño se mantuvo relativamente estable, en torno a los cinco metros y medio de longitud, a lo largo de su evolución.
“Pusimos a prueba la idea de un aumento progresivo del tamaño y observamos que no existía esa tendencia”, explicó Emanuel Seculi Pereyra, becario del Instituto Patagónico de Geología y Paleontología (CONICET). El trabajo fue realizado junto a investigadores del CENPAT, el IPCSH y el Museo Argentino de Ciencias Naturales.
El rasgo que sí mostró cambios significativos fue el cráneo, que evolucionó de manera coordinada. En particular, tres huesos presentaron modificaciones clave: la región occipital, que permitió una mayor inserción de músculos del cuello y mayor estabilidad durante la mordida, y los huesos escamoso y cuadrado-jugal, que ampliaron el espacio para los músculos mandibulares, otorgando una mordida muy potente.
También se registraron cambios en la órbita ocular, que tendió a cerrarse, aumentando la resistencia del cráneo a las fuerzas generadas durante la mordida. Esta característica habría limitado el desarrollo de la visión, lo que fue compensado por un sistema olfativo altamente especializado, con grandes bulbos olfatorios.
Según los investigadores, estas adaptaciones craneales no estuvieron vinculadas al aumento de tamaño corporal y se mantuvieron durante unos 100 millones de años de evolución. Además de favorecer la alimentación, algunas de estas características podrían haber sido reutilizadas en comportamientos sociales o sexuales, como choques de cabeza. La combinación de factores ecológicos y sociales habría sido clave para la diversificación de los abelisáuridos durante el Cretácico tardío, poco antes de la extinción de los dinosaurios no avianos.
